El reconocido ambientalista Marc Dourojeanni responde al cuestionado articulo del Presidente Alan García, conocido como el Perro del Hortelano.
García perdido en el bosque
Por: Marc Dourejeanni, 30 de octubre de 2007
Escuchemos a Marc Dourojeanni, uno de los especialistas en temas amazónicos más destacados de todo el planeta. La suya es una posición clara, los bosques peruanos no han recibido, por parte de los gobiernos de turno, la atención debida. Revertir dicha tendencia es el deber de la hora actual. El artículo de García en El Comercio levantó polvaredas…
“Sólo vendemos US$ 200 millones en madera porque se cree que la Selva es intocable”…. Según el diario Expreso, esa es una frase del Presidente Alan García, del Perú. De acuerdo a ese periódico, el presidente García calificó como “una locura que el Perú solo venda 200 millones de dólares en madera solo porque a alguien se le ocurrió que la Selva es intocable y mientras tanto Chile, que no tiene una hectárea de Amazonía, vende 2 mil millones de dólares”. Continuando con sus estadísticas, el Presidente habría afirmado que “el Uruguay, de los que caben varios en la Amazonía peruana, vende mil millones de dólares, ¿por qué?”. Añadió “El Perú tiene que desarrollar sus recursos, poner en valor sus recursos; parecemos locos, tenemos 63 millones de hectáreas en la selva, y sólo vendemos 200 millones de dólares en madera”. El mandatario tendría asegurado que la explotación de este recurso no se efectúa debido a que a alguien se le ocurrió que esa es tierra intocable y sagrada: “Pero mientras dicen esa tontería, el ilegal, el informal va talando y sacando toda la caoba y destruye la selva, ¿en qué quedamos?”.
Cabe indicar que un día antes de que el Presidente ofreciera estas notables declaraciones, el “experto” Fernando Razetto, en verdad un extractor de madera cuestionado por ser demasiado informal, dijo al diario Expreso que si el Perú aprovechara sus bosques exportaría madera por un monto de 3 mil millones de dólares anuales pero, según él, la influencia de las ONGs ambientalistas ha hecho casi imposible la producción de madera en el Perú.
Si esa declaración es fiel reproducción de lo que dijo, Alan García tiene grandes posibilidades de destronar al fallecido Presidente Fernando Belaúnde Terry como mayor enemigo nacional de la Amazonía y del medio ambiente. Es más, a pesar de la manifiesta antipatía de Belaúnde por los ambientalistas y por las organizaciones no gubernamentales, él nunca pronunció frases tan infortunadas como las que se atribuyen a García, las que además son pronunciadas en plena crisis ambiental planetaria, reconocidas inclusive por Bjorn Lomborg, el ambientalista escéptico que publicó dos best sellers atacando a los ambientalistas más tradicionales.
Obviamente, el Presidente García no debe saber nada del tema y, lo que es peor, no se habría informado adecuadamente antes de usar su investidura para pronunciarse ante la Nación. Para comenzar, los miles de millones de dólares que Chile, Argentina, Brasil y Uruguay ganan exportando madera o productos forestales no provienen de sus bosques naturales de los que, por lo menos Argentina, Brasil y Chile, tienen mucho. Esas exportaciones son totalmente basadas en áreas reforestadas, principalmente con pinos en Chile y eucaliptos en los otros países. En el año 2000 Argentina tenía 1 millón de hectáreas plantadas, Brasil tenía 5 millones, Chile más de 2 millones y Uruguay más de 600,000 hectáreas. En ese momento el Perú declaró tener 640,000 hectáreas pero todos saben que en verdad no hay ni siquiera 100,000 hectáreas dignas de ser llamadas plantaciones. Las estadísticas de plantaciones forestales en el Perú son hechas a través del artificio de dividir el número de plantones que salen de los viveros entre el número de plantones teóricamente necesarios por hectárea. Nadie sabe si los plantones fueron plantados, si las plantas sobrevivieron o si los tales rodales realmente existen. Esa farsa, acumulada por años, da distorsiones gigantescas como la mencionada. Cuando el suscrito, en los años 1970, fue el jefe de la por entonces llamada Dirección General Forestal y de Fauna, una de sus primeras medidas fue precisamente limpiar las estadísticas mentirosas de reforestación que se redujeron al 30% de lo que aparentaban. Por lo visto, la falacia renació de las cenizas.
Pero, lo importante es saber que el Brasil, que tiene 546 millones de hectáreas de bosque natural, proporcionalmente no exporta más madera de ese origen que el Perú. Chile posee 15 millones de hectáreas de bosques naturales y lo que exporta de ellos es insignificante y así ocurre también con Argentina. Por lo tanto, el argumento presidencial para comparar la producción de madera de la selva del Perú con la producción forestal exportadora de Brasil, Chile o Uruguay está completamente errado. El hecho es que ningún país suramericano o amazónico exporta gran cosa a partir de sus selvas naturales. El Perú no es una excepción.
La pregunta correcta hubiera sido porqué el Perú tiene tan escasa área reforestada. Y la respuesta nada tiene que ver con las ONGs que, muy por lo contrario, llevan décadas empeñadas en fomentar la reforestación en las tierras sin uso de todo el país. El problema han sido los gobiernos peruanos de los que ninguno tuvo la sensatez de hacer lo que si hicieron los vecinos, o sea fomentar la reforestación mediante toda clase de incentivos fiscales y crediticios desde más de 40 años atrás. Hoy, las inversiones forestales en esos países caminan solas y no requieren más de apoyo del sector público. Cada vez que las autoridades forestales nacionales propusieron eso a los políticos y al gobierno de turno fueron recibidos con sorna, y eso no excluye al primer gobierno de Alan García y también al actual. A pesar de todas las evidencias de las ventajas económicas y sociales de hacerlo, ningún gobierno se dio el trabajo de pensar en el asunto. Que fácil es ahora, para los mismos gobernantes, echar la culpa en las ONGs.
La verdad es que no es cuestión de explotar más la Amazonía peruana, pues más explotada de lo que está es casi imposible. La deforestación y la degradación de los bosques han alcanzado proporciones irreversibles. De lo que se trata, y en eso se está de acuerdo con los exabruptos presidenciales, es usarla o manejarla mejor, de forma sostenible. Aún es posible hacerlo si se pone coto a los desmanes de los extractores ilegales que atacan a las ONGs apenas para poder acabar más libremente, si cabe, con el recurso que ya está agonizando precisamente por culpa de ellos. Si el Presidente habla de las áreas protegidas, valga recordar que todas ellas sumadas, no representan ni el 10% de lo que los madereros explotan a cada año. Además, llama la atención que el Presidente de la República se queje de los ilegales cuando, constitucionalmente, el responsable de controlarlos es él mismo. Y, claro que los ilegales pululan pues el INRENA, la institución pública para aplicar la legislación forestal, no tiene ninguna capacidad material para hacerla cumplir.
En conclusión, dos acciones simultáneas son importantes y urgentes. La primera es comenzar a reforestar de a verdad, a través del sector privado y dando a los inversionistas y a los dueños de la tierra las facilidades que los tiempos actuales permitan. Basta ya de mini-plantaciones empujadas por el sector público para comprar apoyo político de las comunidades rurales. La segunda acción es imponer orden en la explotación de los bosques amazónicos y, en especial, evitar los desmanes de los ilegales amparados por las perversas “concesiones de reforestación” otorgadas en la Selva, donde se saca madera sin jamás plantar nada y controlando las otras concesiones forestales que, en general, se basan en planos de manejo fraguados que, además, nunca se aplican.
Valga rescatar el interés presidencial por el tema forestal y esperar que, esta vez, el problema se enfrente seriamente, sobre la base de la realidad.