Si bien este blog trata de temas ambientals, consideramos pertinente publicar este artículo escrito por el periodista Rafo León en la revista Caretas.
Me llama por teléfono una amiga peruana que está radicada en Barcelona haciendo una maestría en documentalismo. Como tenía una tarjeta telefónica generosa, hablamos casi por media hora. Ella está por regresar al Perú y me pregunta cosas como dónde sería bueno comprarse un departamento, cómo andan los precios, en qué estamos en lo que es costo de vida.
En lo posible le contesto lo que ya todos sabemos en cuanto a inflación, sobre oferta de vivienda (y riesgo inminente de burbuja inmobiliaria) , incremento del precio de los combustibles, Lima deshecha por la rotura de calles… un panorama de mierda. Sin solución de continuidad salto a temas nacionales. Le cuento del levantamiento de los nativos amazónicos, hoy ya en toda la selva; luego, los conflictos que se nos vienen por las nuevas inversiones mineras en Piura. La corono con la gravedad del asunto de los transgénicos. No lo puede creer: “lo que me cuentas me suena todo a retroceso, ¿no es que económicamente estamos mejor que nunca?”
Me explica que sus amigos y amigas que estudian cosas como administració n de negocios o comercio internacional, están convencidos de que el Perú es uno de los mejores países en el mundo en lo que respecta a inversión extranjera. Que los indicadores de crecimiento económico dejan turulatos a los españoles y que ya todos quieren ver oportunidades de negocios para venirse a vivir acá.
“Entonces, ¿en qué quedamos?” me pregunta, irritada, mi amiga. Pues no sé en qué quedamos, mi querida Milagros. No dudo que ante cierta tribuna, el prestigio de la economía peruana sea destellante. Los datos macroeconómicos son objetivos y la opinión de las clasificadoras es cada vez más favorable. Pero, ¿eso es todo? ¿Por qué entonces hay tanta discrepancia entre esa data y las reacciones de los grupos que se sienten excluidos del banquete? ¿Por qué la apertura de la economía y la creación de condiciones para la inversión, se hacen a expensas de grandes sectores de población que ven amenazadas su propiedad ancestral, su identidad, su organización? ¿Por qué seguimos incidiendo en daños brutales a la naturaleza por la pesca industrial, la minería, la exportación de maderas? ¿Por qué continuamos siendo un exportador de sector primario, tal cual en la época del guano y del salitre? ¿Por qué el gobierno da cada día una nueva medida expoliadora, sin debate ni cuestionamiento alguno? ¿Por qué aceptamos, por ejemplo, que las semillas manipuladas vayan a entrar a lo bestia, mientras con una frivolidad asombrosa, todo el mundo se llena la boca con las maravillas de nuestra biodiversidad? ¿Por qué en un año no se hecho nada significativo en la reconstrucció n de una zona afectada por el terremoto, zona que a la par se encuentra entre las que mayor riqueza le producen al Perú, gracias a la agroindustria? Estamos bien o estamos mal según el punto de vista que se tome.
Estamos como la puta madre para un sector empresarial tan elemental, que un dirigente de CONFIEP declaró hace poco a los medios que él se opone a la creación de un Ministerio de Cultura porque la cultura no es rentable. Estamos mal, muy mal, para quienes pensamos que una cosa es crecimiento macroeconómico y otra, muy distinta, desarrollo. Y que lo que estamos viviendo es el ingreso de una chorrada de plata por fisco, pero que no solamente no deja nada en las poblaciones más pobres, sino que afecta irremediablemente nuestros recursos naturales al extremo de que no es exagerado decir que en cosa de un década, estaremos ya no solamente pobres sino carentes de fuentes de riqueza. Y eso es el fin de un país. Escoge, Milagritos, la óptica que más te convenga y según eso, decide qué hacer con tu vida. En todo caso, que otros navegantes, a través de este blog, te den más información, ojalá mejor que la mía.